Apago la luz.
Me extraño de desnudarme ante tu mirada ciega, aún no me acostumbro a compartirme contigo.
Saco el cuchillo de entre mis piernas y lo alzo por sobre mi cabeza mientras busco con mi mano tu pecho, firme y claro como la tierra.
Hundo rapidamente y de un golpe la hoja, la sangre tibia brota iluminando tu cuerpo.
Tus manos toman mis caderas y las apegan a las tuyas, con un movimiento rápido y rudo.
Abro la cortina, la pálida luz de la noche ilumina la escena, otro asesinato.
Tu aroma es abundante, tus caricias cadenciosas. Sigo sin moverme, sentada sobre tí.
Arranco el cuchillo y lo dejo sobre la cama, siento que otra vez vienen los demonios...
Sus risas y sus gestos, los ojos desorbitados, me gimen y babean
-¡házlo!
-¡házlo!
Respiras rápidamente, estoy apoyada sobre la cama mirando el blanco cielo de mi habitación, sintiendo tus movimientos, pero en realidad no siento nada.
Sólo las voces y sus aullidos.
(¡Siento que me arrancas el alma!)
Los suspiros y la tibieza del ambiente me ahogan, me hundo en el colchón de mi cama, cierro los ojos...
Rojo, todo es tan rojo y negro, tengo tanto miedo y estoy tan rabiosa...
Sigo hundida y tu sólo me miras, con tu herida en el pecho...
murmuras algo,
no te escucho,¿me entiendes?,
¡nada!
Y me rio de sus caras, de sus gestos marcados y asquerosos
Y luego lloro, lloro de mi desnudez y de mi debilidad.
¡Arrancame el corazón y vete pronto!
¡Vete pronto!
Dejame en la miseria de no poder darte algo que comer además de mi carne. Devora si quieres mi corazón...
Ahí está, dentro de mi pecho agitándose violéntmente.
¡quítamelo!
No tengo nada más, no tengo nada más, no tengo nada más...
Cubro mi rostro con mis manos, no quiero que me veas, no quiero que veas a la mujer vacía. La vasija rota donde solo el viento baila y llena.
Cubro mi rostro hasta que la luz entra. La pesadilla ya pasó.
Estás recostado sobre el piso y no te mueves, miro bien y veo que te arrancaste el corazón. Tu mirada inerte apunta en mi dirección al igual que tu mano. En tu mano tu corazón.
Lo tómo y lo devoro, ya no hay nada más. Me siento en la cama esperando la noche, la noche en la que convertiras en uno mas de mis horrores nocturnos esperando cautelosamente un nuevo sacrificio.
Y espero a la noche...
Y espero...
Y espero.
entresijos

Me encanta cóm escribes, mágnifico relato. Anna